En estos últimos días he leído y
escuchado a Pascal Beltrán del Rio y Pablo Hiriart, quienes no cesan de pedir
castigo para aquellos que dañan con el pretexto de marchar en protesta por
injusticias. Bien, el contexto no es tan complicado como lo pintan, el hecho es
que vivimos en un México manipulado y engañado, ya que todos pensamos que
debiéramos vivir un Estado de derecho, pero el Estado parece fallido. Por un
lado tenemos un sistema de justicia plagado de derroches y favoritismos, tan
sólo veamos lo que paso después de 19 años con Raúl Salinas de Gortari, con
todo y pruebas lo absolvieron de sus delitos.
Tenemos tres niveles de gobierno que no
funcionan por la enorme corrupción entre partidos y acuerdos a modo para
quedarse con el dinero y el poder en el orden establecido; nuestras policías
han dejado ver su asociación con el crimen, además de que ni siquiera saben
cuáles son sus funciones porque viven para obedecer a un jefe y no para cumplir
con el mandato de su marco jurídico.
Estos dos periodistas (Pascal y Pablo) incitan literalmente a las autoridades a castigar con todo el peso de la ley a los vándalos que se dedican a destruir bienes y saquear comercios durante las marchas de protesta, que si las policías local o federal saben quiénes son,-por medio de labores de inteligencia-, ¿por qué no van por ellos y los encarcelan?
Una respuesta pronta y expedita a
su incitación es lo que acabamos de describir como estado fallido; se sabe, y
aunque tengo mis dudas, las policías deben de contar con equipos humanos y
tecnológicos que les permitan llevar a cabo operaciones tácticas, es decir,
identificar, acechar y asegurar sospechosos que atentan contra la seguridad y
el orden. Y qué pasa, nos han demostrado que no tienen ese adiestramiento para
actuar en consecuencia. Es inadmisible que a ojos y cámaras de marchistas,
incluyendo prensa, los policías no hagan nada –eso sí- pueden dirigirse a las
casas de los activistas u organizadores ajenos a los ilícitos y se les levanta
con todas las violaciones a sus derechos humanos y civiles.
Del mismo modo, es inadmisible
que se detenga a personas que ejercen su derecho de manifestación y que no
están participando en los actos vandálicos, como quedó comprobado en las fotos
y videos de la marcha del 20 noviembre del presente año, donde también se
demostró que policías arremetieron a golpes contra familias que incluían niños,
mujeres y personas de la tercera edad, una vez más demostrando su ineptitud.
Pero si ustedes oyeran que las autoridades se defendieran diciendo que sí
cuentan con el adiestramiento y tecnología mencionado, entonces podríamos
concluir que los actos de los policías han sido en respuesta a una orden de
algún mando para reprimir a los que se manifiestan en contra de las injusticias
emanadas del Estado, quizá con el fin de que no se exhiban demasiado (las
injusticias).
Todos los ciudadanos estamos de
acuerdo en que se castigue a quienes comenten ilícitos, pero que quede bien
claro, y ese el clamor central de todas las protestas, QUE SE CASTIGUE A LOS
VERDADEROS RESPONSABLES. No más presos políticos y siembra de pruebas en las
indagatorias, y sobre todo que se detenga en flagrancia a los delincuentes,
aquellos que todos hemos visto que cometen delitos y nadie les hace nada.
Sí, a aquellos incluso que se han visto arriba
de los camiones del ejército y después en las manifestaciones atacando la paz
pública y denostando la razón de la manifestación, reitero no más mentiras, no
más incitaciones que mueven a la represión, no más manifestaciones reprimidas,
no más bloqueos a la verdad, no más insultos a nuestra inteligencia y no más
negaciones a la tecnología que tanto menciona el gobierno, las cámaras no
mienten, el Estado no es el asesino pero si responsable por omisión y
asociación.
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